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sábado, 19 de mayo de 2012



Me parece que vamos a tener que darnos un paseo por Elche...

La Calahorra revela sus misterios

 

La torre almohade y la casa señorial abren sus puertas al público con medio centenar de lienzos de la pinacoteca municipal

 

 

 







La única referencia que la mayoría de los ilicitanos tenía hasta ahora de La Calahorra era la que le ofrecía su fachada exterior y, a lo sumo, la conocida como Sala Masónica. 

Sin embargo, los 800 años de historia, de misterio y de leyendas que esconden las paredes de este emblemático edificio han quedado desde ayer al descubierto con la apertura al público de algunas de sus salas. 

 


Los secretos a los que fueron dando forma siglos y siglos de historia en La Calahorra se abrieron ayer por primera vez al pueblo de Elche. Quedaban así al alcance de los ilicitanos la memoria de la torre almohade levantada originalmente con la vista puesta en la defensa militar; la casa señorial y su sótano, que sirvió de almacén de trigo por orden del Consell en 1442; la sala que se convirtió en la sede de la Logia Masónica Ilicitana número124 -fundada por el Marqués de Lendínez en 1878 y que respondía a las máximas de "Moralidad, Justicia y Fraternidad"-; la terraza que ofrece una perspectiva pocas veces vista de la basílica de Santa María; y otras muchas dependencias que transportan al visitante al modo de vida de la alta burguesía de finales del siglo XIX y principios del XX, pero también a algunas de las joyas de la pinacoteca municipal, con obras de artistas como Joaquín Sorolla, Cecilio Pla, Ignacio Pinazo, o Vicente Albarranch y Pedro Ibarra, entre otros.

Los ilicitanos, lógicamente, respondieron, y durante la mañana se registró un goteo incesante de personas que se acercaban a las puertas de este emblemático edificio para preguntar si ya se podía visitar, mientras se ultimaba su apertura al público con la instalación de los paneles explicativos. Por eso, no fue extraño que desde antes de las siete y media de la tarde, hora fijada para su "inauguración" oficial -con corte de cinta incluido-, la gente aguardara a las puertas de la torre, y, por eso, tampoco sorprendió que en poco más de hora y media pasaran por el edificio unas 300 personas. En su alocución, tanto la alcaldesa, Mercedes Alonso, como el concejal de Cultura, Pablo Ruz, y la directora general de Patrimonio, Marta Alonso, destacaron que ayer era un día "histórico" para Elche por la apertura del inmueble, y pusieron el acento en que este hito era posible por la cesión del uso de La Calahorra por parte de la Generalitat al Ayuntamiento.

El recorrido por La Calahorra se inicia en el vestíbulo, quizás uno de los lugares menos inédito del edificio, para, a continuación, pasar a la Sala Masónica, con sus pinturas en las paredes con motivos egipcios sobre la vida y la muerte para las ceremonias de las primeras logias en Elche.

La siguiente parada es el sótano, una de las zonas más desconocidas por los ilicitanos. Fue en el siglo XV cuando el Consell acordó construir un depósito de grano, y todavía hoy, en su techo abovedado, se aprecian los orificios por los que pasaba el trigo. También se pueden ver los vestigios de su uso como bodega, ya en épocas más recientes.

La escalera señorial, con pinturas decorativas del alcoyano Agustín Espí Carbonell, artífice también de los frescos del vestíbulo o del resto de estancias, da paso a las salas en las que se pueden apreciar algunas de las obras más representativas de la pinacoteca municipal, divididas en cuatro secciones con medio centenar de obras en total de entre los siglos XVI y XX, especialmente de autores ilicitanos y valencianos. La idea ahora es abrir al público en un mes aproximadamente una sala más que se está rehabilitando en estos momentos con lienzos de propiedad municipal del siglo XX.

Sin embargo, una de las estancias que más interés despierta es la Sala Neonazarí, que en su día fue el comedor familiar de la vivienda y que es uno de los espacios abiertos en el interior de la torre defensiva. Con frescos con motivos ilicitanos obra de Espí Carbonell e inspirados por Pedro Ibarra, el visitante puede descubrir, por ejemplo, una vista de 1912 desde la rambla sin el puente de Canalejas. La visita se cierra en la terraza, con una vista del casco histórico flanqueada por la cúpula de Santa María y la del antiguo convento de la Merced.

Para contextualizar el itinerario, se han recuperado muebles de La Calahorra, pero también del Hort del Gat y, además, en algunas salas, el recorrido se acompaña de música que ayuda al visitante en este particular viaje en la historia.

Con la Colección Durá como protagonista

El Ayuntamiento adquirió en 2007, por 670.000 euros, 84 de las 300 obras que componían la Colección Durá, con lienzos de los siglos XIX y XX de pintores como Joaquín Sorolla, Cecilio Pla, Ignacio Pinazo, Vicente Albarranch o Mariano Antón. 

Ahora, tras las labores de recuperación impulsadas por la restauradora municipal, Gemma Mira, muchas de esas obras se han expuesto en La Calahorra. La rehabilitación de los óleos continuará en los próximos meses.




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