Me parece que vamos a tener que darnos un paseo por Elche...
La Calahorra revela sus misterios
La torre almohade y la casa señorial abren sus puertas al público con medio centenar de lienzos de la pinacoteca municipal
La única referencia que la mayoría de los ilicitanos tenía hasta ahora de La Calahorra era la que le ofrecía su fachada exterior y, a lo sumo, la conocida como Sala Masónica.
Sin embargo, los 800 años de historia, de misterio y de leyendas que esconden las paredes de este emblemático edificio han quedado desde ayer al descubierto con la apertura al público de algunas de sus salas.
Los secretos a los que fueron dando forma siglos y siglos de historia en
La Calahorra se abrieron ayer por primera vez al pueblo de Elche.
Quedaban así al alcance de los ilicitanos la memoria de la torre
almohade levantada originalmente con la vista puesta en la defensa
militar; la casa señorial y su sótano, que sirvió de almacén de trigo
por orden del Consell en 1442; la sala que se convirtió en la sede de la
Logia Masónica Ilicitana número124 -fundada por el Marqués de Lendínez
en 1878 y que respondía a las máximas de "Moralidad, Justicia y
Fraternidad"-; la terraza que ofrece una perspectiva pocas veces vista
de la basílica de Santa María; y otras muchas dependencias que
transportan al visitante al modo de vida de la alta burguesía de finales
del siglo XIX y principios del XX, pero también a algunas de las joyas
de la pinacoteca municipal, con obras de artistas como Joaquín Sorolla,
Cecilio Pla, Ignacio Pinazo, o Vicente Albarranch y Pedro Ibarra, entre
otros.
Los ilicitanos, lógicamente, respondieron, y durante la
mañana se registró un goteo incesante de personas que se acercaban a las
puertas de este emblemático edificio para preguntar si ya se podía
visitar, mientras se ultimaba su apertura al público con la instalación
de los paneles explicativos. Por eso, no fue extraño que desde antes de
las siete y media de la tarde, hora fijada para su "inauguración"
oficial -con corte de cinta incluido-, la gente aguardara a las puertas
de la torre, y, por eso, tampoco sorprendió que en poco más de hora y
media pasaran por el edificio unas 300 personas. En su alocución, tanto
la alcaldesa, Mercedes Alonso, como el concejal de Cultura, Pablo Ruz, y
la directora general de Patrimonio, Marta Alonso, destacaron que ayer
era un día "histórico" para Elche por la apertura del inmueble, y
pusieron el acento en que este hito era posible por la cesión del uso de
La Calahorra por parte de la Generalitat al Ayuntamiento.
El
recorrido por La Calahorra se inicia en el vestíbulo, quizás uno de los
lugares menos inédito del edificio, para, a continuación, pasar a la
Sala Masónica, con sus pinturas en las paredes con motivos egipcios
sobre la vida y la muerte para las ceremonias de las primeras logias en
Elche.
La siguiente parada es el sótano, una de las zonas más desconocidas por los ilicitanos. Fue en el siglo XV cuando el Consell acordó construir un depósito de grano, y todavía hoy, en su techo abovedado, se aprecian los orificios por los que pasaba el trigo. También se pueden ver los vestigios de su uso como bodega, ya en épocas más recientes.
La escalera señorial, con pinturas decorativas del
alcoyano Agustín Espí Carbonell, artífice también de los frescos del
vestíbulo o del resto de estancias, da paso a las salas en las que se
pueden apreciar algunas de las obras más representativas de la
pinacoteca municipal, divididas en cuatro secciones con medio centenar
de obras en total de entre los siglos XVI y XX, especialmente de autores
ilicitanos y valencianos. La idea ahora es abrir al público en un mes
aproximadamente una sala más que se está rehabilitando en estos momentos
con lienzos de propiedad municipal del siglo XX.
Sin embargo, una
de las estancias que más interés despierta es la Sala Neonazarí, que en
su día fue el comedor familiar de la vivienda y que es uno de los
espacios abiertos en el interior de la torre defensiva. Con frescos con
motivos ilicitanos obra de Espí Carbonell e inspirados por Pedro Ibarra,
el visitante puede descubrir, por ejemplo, una vista de 1912 desde la
rambla sin el puente de Canalejas. La visita se cierra en la terraza,
con una vista del casco histórico flanqueada por la cúpula de Santa
María y la del antiguo convento de la Merced.
Para contextualizar
el itinerario, se han recuperado muebles de La Calahorra, pero también
del Hort del Gat y, además, en algunas salas, el recorrido se acompaña
de música que ayuda al visitante en este particular viaje en la
historia.
Con la Colección Durá como protagonista
El Ayuntamiento adquirió en 2007, por 670.000 euros, 84 de las 300 obras que componían la Colección Durá, con lienzos de los siglos XIX y XX de pintores como Joaquín Sorolla, Cecilio Pla, Ignacio Pinazo, Vicente Albarranch o Mariano Antón.
Ahora, tras las labores de recuperación
impulsadas por la restauradora municipal, Gemma Mira, muchas de esas
obras se han expuesto en La Calahorra. La rehabilitación de los óleos
continuará en los próximos meses.

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