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jueves, 24 de mayo de 2012

Acabamos de recibir de una querida  dama, habitual de la cibertertulia, este interesante articulo que nos describe la tierra de sus antepasados y que merece la pena descubrir, por aquellos que aún no lo hayan visitado...


Foto
Andalucía por descubrir


Primavera en la serranía jienense

La Sierra de Segura está enclavada en el espacio natural protegido más extenso de España. 

Es la comarca más grande del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. 

Rugosa y escarpada, está poblada de pequeñas aldeas de singular encanto.



La Sierra de Segura es uno de los mayores pulmones verdes de España. Anclada al noreste de esta provincia, en ella se esparce una densa masa forestal que cubre montañas y valles. 
La comarca linda con las tierras de Albacete y Granada, donde penetran las altas montañas y bajan los ríos que aquí nacen. Su localidad más emblemática es Segura de la Sierra, epicentro monumental y artístico de una zona de arraigadas tradiciones. Pero la puerta de entrada está kilómetros antes. Y se llama precisamente así.

La Puerta de Segura, donde el río Guadalimar parte en dos el blanco caserío de esta población, sirve de entrada a la comarca. En una de las orillas se extiende un paseo donde en época estival se organizan actividades sociales. 

En primavera el río baja caudaloso por los deshielos de las altas montañas, regando a su paso las huertas y campos de olivar que se esparcen por este término municipal. 

De La Puerta, en la que sobresale la iglesia de San Mateo, parte una carretera que conduce en un suave ascenso a la vecina localidad de Orcera, que en los últimos años se ha convertido en el centro administrativo de la comarca. 

En ella se alza el templo de Nuestra Señora de la Asunción, una iglesia austera construida en tiempos de Felipe II.

 
Trama olivarera


 


A partir de aquí el paisaje cambia. La trama olivarera da paso a la densidad verdosa del pinar. A la sombra de los altos picos de la serranía segureña la carretera discurre por un sinuoso tramo. 

Desde él es fácil descubrir el perfil urbano de Segura de la Sierra, encaramada a una montaña de 1.240 metros de altura. Dotada de históricas edificaciones y populosas plazas los autores árabes ponderaron, sobre todo, su situación geográfica, hasta el punto de escribir que «si se pretende alcanzarla fatiga la vista». 

De hecho, aseguran las crónicas que Segura de la Sierra fue considerada la más inexpugnable de las ciudades de al-Andalus.

Segura de la Sierra bien merece un pausado recorrido. 

Posee unos baños árabes, palacios de enjundia, iglesias góticas y hasta fuentes imperiales. Pero sin duda la edificación más singular de la localidad es el castillo, convertido en centro de interpretación y muse comarcal. 

Desde esta vieja fortaleza se divisa una privilegiada vista de la Sierra de Segura. 

Se advierte, por ejemplo, El Yelmo, el pico más emblemático de estos contornos con sus 1.809 metros, o se intuyen las numerosas cortijadas repartidas por el valle, al lado de los ríos Orcera o Trujal. Conjunto Histórico Artístico y Paraje Pintoresco, Segura de la Sierra es uno de los municipios más visitados de la zona. En su término destacan parajes como el de Río Madera, un núcleo de población cercano a la localidad que constituye el siguiente hito de la ruta.



Sierra secreta



El paisaje cambia su perfil relajado por uno más violento. Hasta la aldea de Río Madera el camino está lleno de curvas. 

A ambos lados de la calzada, entre abruptas laderas montañosas, crece el pino laricio, que alcanza hasta los cuarenta metros de altura, y destacadas manchas de sabinares. 

El manto verde de estos bosques llamó la atención a los gobernantes del siglo XVIII que decidieron crear una provincia marítima en pleno interior peninsular.  

La madera del pinar segureño fue utilizada para la construcción de los barcos de la antigua armada española. Los troncos eran transportados por la corriente de este río, que hoy recibe el nombre de la materia prima que le dio fama.

Numerosas pistas forestales parten de la carretera que llega hasta Río Madera. 

Muchas de ellas siguen el rastro de arroyos y rápidos que derraman aquí sus aguas. Una carretera asfaltada y en buen estado conduce hasta Venta Rampias, una aldea partida en dos. 

Algunos kilómetros más adelante, en dirección a La Toba, surge otra pista forestal que deriva en Huelga Utrera, un núcleo de encaladas calles que mantiene la primitiva personalidad de las poblaciones segureñas. 

Hasta llegar a ella se repite un paisaje de huertas que los lugareños se cultivan en bancales.

Adaptado de un articulo de Ocholeguas de EL Mundo


 

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